Una región del noreste de Brasil fue clasificada por primera vez como zona árida tras años de menor lluvia y temperaturas más altas, afectando directamente a comunidades rurales de Bahía como Macururé, donde la cría de cabras —principal sustento local— se vuelve cada vez más inviable por la falta de agua y vegetación.
En esta parte del sertão brasileño, el deterioro del bioma de la Caatinga ha reducido el alimento incluso para animales resistentes, obligando a los productores a gastar sus ingresos en forraje. Habitantes como Raildon Suplício Maia aseguran que las lluvias llegan más tarde o simplemente ya no llegan, marcando un cambio climático profundo en una zona históricamente seca pero ahora llevada al límite.
En mi opinión, este no es un problema local: es una señal temprana de cómo el cambio climático puede transformar regiones enteras y poner en jaque economías rurales en todo Brasil.











