A casi tres años del boom de la inteligencia artificial generativa tras el auge de ChatGPT, la mayoría de las empresas siguen sin obtener retornos claros de sus inversiones en IA, ya que solo 15% reportó mejoras en márgenes y apenas 5% afirmó haber generado valor a gran escala, según encuestas de Forrester Research y Boston Consulting Group.
Un ejemplo es CellarTracker, que tardó semanas en ajustar su sommelier con IA para que ofreciera recomendaciones honestas y no solo respuestas “amables”, explicó su CEO, Eric LeVine. Casos como este reflejan un patrón común: aunque muchas compañías integraron IA rápidamente en sus productos, convertir esa adopción en beneficios reales sigue siendo un reto.
En mi opinión, el problema no es la tecnología, sino las expectativas: muchas empresas compraron promesas futuristas cuando la verdadera ventaja está en usos muy concretos y bien afinados.











