Fue modelo, estudió en París, su ropa mezcla artesanía con pop y la eligen desde Lali a Moria Casán: “En Argentina somos bastante tímidos”

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Para Josefina Roveta, la moda articula tradición artesanal, diseño contemporáneo y decisiones estratégicas que refuerzan el valor del lujo y del negocio.

La directora creativa Josefina Roveta nos recibe en el atelier del Palacio Devoto, donde la arquitectura de Bustillo dialoga con el universo neo-criollo de su criterio artístico para la moda

Es historiadora del Arte y gestora cultural. Trabajó como modelo en Estados Unidos y Europa. Estudió con la crème de la crème de la moda francesa. Y fundó y dirige la marca de moda argentina que desde 2022 es tema de conversación: Esquina. Ya sea por la osadía de sus diseños “hot couture neo criollo”, por las celebridades que la eligen —de Tini Stoessel al vestido que usó Moria Casán en la tapa de Gente— o por la puesta en escena de sus desfiles: un show de teatro de revista en la calle Corrientes o la última presentación en el Planetario, que reivindicó el vínculo de las comunidades originarias con el cielo.

Josefina Roveta es la amazona pop de un universo onírico que tiene sede en el Palacio Devoto, donde la soguería criolla convive con el strass y el chaguar con herraduras de la suerte. La crianza con un padre psicoanalista se filtra cuando habla —menciona lo yoico, la castración, el ego—y en su habilidad para resignificar las contradicciones. Nació y creció entre Zona Norte y el centro porteño, entre un status quo asfixiante y el riguroso academicismo del Liceo Francés. Su adolescencia estuvo marcada por el under porteño de los 90 —Babasónicos, Victoria Mil, Television, Love, Velvet Underground— y por el inicio de su carrera como modelo. Su juventud transcurrió entre Argentina y Francia, donde se formó con mentoras con experiencia en marcas de lujo como Dries Van Noten, Dior, Pierre Cardin y Kenzo.

consolidarse.

– ¿Cómo surge Esquina?

– En 2021 llevamos a cabo una división societaria de la marca con mi ex pareja y quedé a cargo de un equipo de seis personas con mucha experiencia, en un contexto en el que a la marca le iba muy bien en el mercado local. 

Como no soy diseñadora, mi aporte es mi experiencia junto con la legitimidad de mi formación como historiadora del arte y gestora cultural, que me permite trabajar desde una óptica curatorial. En definitiva, el rol del director creativo es construir universos, y en esta profesión se cristalizó lo que me gusta hacer: conectar ideas y producir imágenes.

Fuente: La Nación