2026 será un año decisivo para el posicionamiento político del presidente Donald Trump y para el contenido y el legado final de su segundo mandato.
El nuevo año también se desarrollará como una historia de resistencia a Trump.
Los demócratas esperan frenar su presidencia imperial ganando al menos una de las cámaras del Congreso en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Los próximos meses también pondrán a prueba hasta qué punto la Constitución y centros de poder como los tribunales, el sector empresarial, los medios de comunicación y las instituciones culturales pueden soportar su afán de poder.
Desde sus primeras horas tras el regreso a la Casa Blanca el año pasado, Trump administró un tratamiento de choque sin precedentes a los sistemas estadounidenses e internacionales.
Destruyó agencias como la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional; despidió a miles de trabajadores federales; utilizó a fiscales del Gobierno contra sus enemigos; y se burló de la justicia con indultos para participantes de la insurreción el 6 de enero. Demolió el ala este de la Casa Blanca simplemente porque podía hacerlo.
Trump envió agentes enmascarados a ciudades estadounidenses para capturar a migrantes indocumentados (a veces por error) y transportó a algunos a una prisión en El Salvador. Ordenó el despliegue de la Guardia Nacional en las ciudades y recortó los fondos para enfermedades mortales como el cáncer para presionar a las universidades de la Ivy League a seguir su línea ideológica. Su secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., busca modificar los calendarios de vacunación infantil, a pesar de que Estados Unidos ha registrado la tasa más alta de casos de sarampión en 30 años.
Sin embargo, para los simpatizantes de Trump, este crescendo de disrupción representa una racha ganadora que está sacudiendo al país. Trump también presume de nuevos recortes fiscales como una gran victoria, aunque algunos analistas sostienen que los estadounidenses pagarán más por el aumento de costos derivado de los aranceles de lo que recibirán del Servicio de Impuestos Internos (IRS). Y pese a que la Casa Blanca asegura que está defendiendo a los trabajadores, los recortes fiscales benefician principalmente a los estadounidenses más ricos. Pero Trump también cumplió su promesa de cerrar los pasos fronterizos para migrantes en la frontera sur, una preocupación clave de los votantes en 2024.
En el extranjero, Trump trastornó el sistema comercial mundial con una guerra arancelaria. Despreció a sus aliados, idolatró a tiranos y exigió que Canadá se convirtiera en el estado número 51. Anhela Groenlandia, mientras que la diplomacia de la fuerza naval estadounidense frente a las costas de Venezuela también pone de manifiesto su afán de dominio en el hemisferio occidental.
Otro año de disrupción por delante
No hay señales de que en 2026 vuelva la normalidad. El mes pasado, en Pensilvania, Trump prometió que la tormenta está lejos de disiparse. “Nos quedan tres años y dos meses. ¿Y saben lo que eso significa en el tiempo de Trump? Tres años y dos meses se llaman eternidad”.
Que Trump logre consolidar de manera permanente muchos de los cambios de su intenso primer año de vuelta al cargo en la vida estadounidense dependerá de los acontecimientos importantes que se produzcan en 2026.
Se espera que la Corte Suprema se pronuncie sobre si los aranceles recíprocos de Trump son constitucionales, después de que los jueces se mostraran escépticos durante una audiencia celebrada en noviembre. Una derrota sumiría en el caos su política comercial y podría limitar su uso de los poderes de emergencia de una manera que podría definir la propia presidencia.
Trump también ha pedido al alto tribunal que elimine la ciudadanía por nacimiento, otro gran salto constitucional para reforzar su ofensiva de deportaciones. El caso podría generar incertidumbre sobre el estatus de potencialmente millones de personas nacidas en Estados Unidos.
Fuente: CNN.











